¿No puedes dormir? Hay una razón que no esperas.

A menudo nuestros hábitos diarios, como el consumo del café, el alcohol, el uso de pantallas y
una alimentación inadecuada, pueden mantenernos despiertos sin que nos demos cuenta.


Si alguna vez te has preguntado por qué no puedes dormir, la respuesta muchas veces está en
lo que haces a lo largo del día.


Cuando la cafeína se queda más tiempo del que imaginas


Un error común al intentar dormir es subestimar la cantidad de café que consumes a lo largo
del día. La vida de la cafeína varía más de lo que te imaginas, y por eso, consumirla, incluso
seis horas antes de dormir puede afectar tu descanso y hacer que no puedas dormir en la
noche, aunque tengas sueño.


El alcohol no relaja el sueño, lo fragmenta


Muchas personas recurren al alcohol para conciliar el sueño, pero esto puede ser un error.
Aunque al principio te ayude a dormir, el alcohol fragmenta el sueño en la segunda mitad de la
noche, suprimiendo la fase REM, que es crucial para la restauración mental. Esto explica
porque puedes despertar temprano y sentir que no descansaste bien.


La luz mantiene a tu cerebro en alerta


La producción de melatonina se ve notablemente reducida cuando estamos expuestos a la luz,
especialmente la de los electrónicos. Un hábito muy común, pero nocivo, es usar estos
dispositivos en la cama. La luz brillante mantiene nuestro cerebro alerta y reduce la liberación
de melatonina, lo que retrasa el inicio del sueño, dificultando cómo dormir bien.


Lo que comes también influye en cómo duermes


Lo que comemos también impacta en nuestro sueño. Consumir grandes cantidades de
carbohidratos y azúcares refinados, justo antes de dormir, puede hacer que nuestro sueño sea
menos profundo y que nos despertemos con mayor frecuencia.


Cuando monitorear el sueño genera más ansiedad


El uso de aplicaciones y relojes inteligentes para monitorear el sueño puede, sin querer,
generar una nueva forma de ansiedad llamada ortosomnia. Preocuparse demasiado por lograr
datos perfectos o interpretar información inexacta puede empeorar el insomnio o afectar la
calidad de tu descanso.


La clave para un buen descanso está en equilibrar nuestros hábitos diarios. Al ser conscientes
del impacto que tienen podemos crear rutinas que alimenten un descanso profundo y
reparador. Y tú, ¿qué hábito cambiarás primero?

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